Ecuador: Ley Chucho Benitez

6 agosto, 2013

Imagen-Ecuador: Ley Chucho Benitez

POR FERNANDO CARRIÓN M.

El caso del jugador Jean-Marc Bosman se convirtió en un hecho que sentó precedentes dentro del derecho comunitario europeo y de la FIFA. Bossman quiso ir al fútbol francés, pero su club se lo negó acogiéndose a la normativa vigente de la propiedad del pase, que establecía que el futbolista le pertenecía mediante una sujeción cuasi esclavista.

Este traspaso frustrado llevó al jugador a iniciar un juicio en las cortes de justicia, donde obtuvo un dictamen positivo que, posteriormente en 1995, se transforma en norma mundial. De esta manera los jugadores lograron romper esta sujeción y obtener la libertad para circular por donde ellos estimen conveniente.

Paradójicamente, este logro histórico hecho por Bossman le llevó a una vida dolorosa: fue excluido de todos los equipos belgas, tuvo que retirarse de la actividad deportiva, reside modestamente en la periferia de Lieja, vive de donaciones y se ha hecho adicto al alcohol. En otras palabras, la lucha que llevó a cabo para beneficiar a los hoy millonarios inversionistas le condujo a perder todo lo que tenía. Esta norma que rompió con el esclavismo ha tenido con el tiempo un grave problema: la hiper-mercantilización de las transacciones de los deportistas, donde los rendimientos financieros están por encima de las condiciones humanas de jugadores.

Tras una compra de los derechos deportivos de un futbolista están fideicomisos, grupos empresariales, clubes y empresario deportivos, entre otros, que buscan rentabilizar sus inversiones. En muchos casos los contratos y las transacciones se hacen en paraísos fiscales, se firman varios contratos en jurisdicciones distintas y confluyen dineros “non santos”. El jugador poco se entera de la realidad de la comercialización, tanto que se le vende un mundo paradisíaco alejado de la realidad. Los seguros son de las inversiones y, en segundo grado, de los jugadores. ¿Cuántos jugadores han quedado en la indigencia luego de una lesión grave?

Chucho Benítez ha vivido y ha muerto en este contexto. Sufrió ataques racistas, los hinchas lo insultaron hasta el cansancio por haber fallado un gol. Su formación solo se realizó en el espacio deportivo, pero no en el ámbito cultural (idiomas), su vida deportiva la realizó en cuatro países distintos durante seis años… Es frenético el porcentaje de partidos al año que ha jugado. Ha pasado una parte de su vida concentrado en hoteles distantes de su familia y su medio. Ha sido sometido a la presión y el estrés por los medios de comunicación, los hinchas, los inversionistas, los clubes y los auspiciantes.

Ha debido tomar vitaminas, inyectarse, infiltrarse porque su presencia es inevitable. Ahora ha rendido tributo al esfuerzo y a la mercantilización del fútbol actual.

Por eso, el gran homenaje a Chucho Benítez y a todos los futbolistas del mundo, debe ser la creación de una norma que humanice las relaciones contractuales, así como de las exigencias de esta práctica en la actualidad. Que la formación de futbolista no sea solo de las destrezas de este deporte, sino también del mundo que lo rodea: los idiomas, las normas vigentes, los actores económicos y políticos, la formación de su personalidad. Pero también para generar una cultura en los hinchas que les permita comprender que sus ídolos o adversarios son seres humanos; que se establezca la transparencia en todas las transacciones. Que se tenga en cuenta que los futbolistas tienen una corta vida profesional que debería conducir a pensar en formas de jubilación solidarias.

Fuente: hoy.com.ec

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